Nueva escapada a la Bodega Cigaleña, en Santander, para comer y beber (o beber y comer, según prefieras). No voy a extenderme en describir este templo santanderino del vino, pues ya lo he hecho anteriormente. Pero no puedo dejar de contar lo que degustamos en esta ocasión, y los vinos que nos acompañaron.
Excelente, aunque todavía joven, el Roulot Vireuils, Meursault, 2004 se mostró atractivo con sus notas ahumadas, perfectamente definido, vivísimo y muy fresco (2008-2012+). Una delicia de vino, que acompañó perfectamente a unas excepcionales sardinas ahumadas y a un queso abulense que fue todo un descubrimiento: el Monte Enebro de Queserías Valle del Tietar en Ávila. Monumental queso, que os recomiendo no dejéis pasar de largo si se cruza en vuestro camino. Mejor todavía: id a buscarlo. Apuramos el Meursault de Roulot con unas mollejas de cordero lechal.
Siguió con la segunda parte de la comida un vino de la región francesa del Jura, zona que me ha dado grandes satisfacciones últimamente. El Jean François Ganevat “Les grands Teppes Vieilles Vignes”, Côtes du Jura, 2004, es un chardonnay de gran nivel. De color dorado profundo, muestra notas minerales en nariz. En boca tiene volumen, mucho volumen, pero no resulta pesado ni por un instante; bien al contrario, tiene la frescura necesaria proporcionada por una viva acidez. Contundente y muy bueno. Para guardar (2008-2020+). Disfrutamos el vino con unas finas cocochas a la plancha y una jugosísima y grasa ventresca de mero a la plancha.
Andrés Conde, de nuevo, nos hizo disfrutar. Y van…
















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Gran comida, es cierto. Pero lo mejor no fueron los vinos. Fue la compañía
Abrazos,
pisto
Es compartido. La comida será recordada por varios (buenos) motivos
Saludos
la verdad es que da envidia no ser amigo de ustedes. Una descripcion excelente de una buena tarde entre pecoy espalda
salu2
Bienvenido Telmo,
Considerate amigo de este blog
Por mi parte acabo de descubrir el tuyo y ahora lo “navegaré”.
Un saludo.