Restaurante Villa Mas
Esta es la comida que compartimos unos cuantos enochalados (entre ellos Víctor, Calamar, Fede Vidal o Manuel Aguinaga, por mencionar sólo algunos) y que puso fin a nuestro reciente viaje por Borgoña. El lugar: el restaurante Villa Mas, en Sant Feliú de Guixols. Ofició como maestro de ceremonias: Carlos Horta, dueño del restaurante, cocinero y enamorado de Borgoña. Seleccionó los vinos: alguien por aquel lado de la mesa. El resultado: una maravillosa sesión de disfrute equilibrado entre delicias en el plato y joyas en la copa.

No había estado antes en el restaurante Vilà Mas, pero lo tengo ya presente como un auténtico templo del vino, con una selección de vinos, principalmente de Borgoña, a precios que me gustaría ver en otros locales, y donde además se come de maravilla. De obligada peregrinación.
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El Vino: Hubert Chavy “Les Casse Têtes”, Meursault, 2005 (Magnum)
No recuerdo haber probado antes ningún vino de Hubert Chavy. Se trata de un vino de 13º, de color dorado. Nariz sobre los cítricos, rastros de sulfuroso (que aparecen en forma de notas de sésamo) y barrica todavía algo marcada. Un puntito mineral. Es un vino fresco, graso, con madera presente sin llegar a molestar. Notas lácteas. Se le ve muy muy joven, desde luego. Es un placer poder disfrutar los vinos en formato magnum y estas reuniones gastronómicas de más de una decena de personas se prestan especialmente bien al formato, aunque en este caso el tamaño doble no hiciera probablemente más que acentuar la juventud de este 2005. Acompañó el vino con bastante desenvoltura tanto al pulpo con espuma de patata (un plato que empieza a verse en demasiados sitios, pero que aquí estuvo bien resuelto), y especialmente a la galera sobre sopa de pescado.
El plato: Pulpo sobre espuma de patata / Galera en sopa de pescado

Especialmente delicada la carne de la galera.
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El Vino: Ramonet “Les Ruchottes”, Chassagne-Montrachet, 2004

Este vino, con sus 13,5º, se presentó inicialmente con reducción. Con aireación, pasa a ser un vino puro en nariz, con un puntito mineral. Cambiante: notas florales por momentos, luego piel de mandarina, algún leve cítrico, … En boca se presenta cargado de barrica en estos momentos: mantequillas, lácteos. Bastante voluptuoso. Otro vino que se mostró claramente joven. Para mi gusto, encajó bien con la interpretación de Carlos Horta de las fabes con almejas.
El plato: Fabes con almejas

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Perdí a partir de este momento el seguimiento de la sincronía entre platos y vinos. Sí recuerdo los platos, de los que muestro fotos a continuación, y tengo notas de los vinos. Pero recordar qué plato tomamos exactamente con qué vino me resulta imposible. Debíamos estar pasandolo bien…

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Bonneau du Martray, Corton-Charlemagne, 1996
Una primera botella de este vino se mostró completamente inexpresiva. Ni punto de comparación con la botella de la mesa de al lado ¿un leve corcho? Una segunda botella que sustituyó a la primera ya fue otra cosa, aunque sin llegar al esplendor de los aromas que emanaban de las copas de nuestros vecinos. El color es un dorado no muy profundo, no demasiado evolucionado. Aroma bastante intenso, de orejones y frutos secos. Muy elegante. En boca es casi untuoso. Notas de flores, minerales y excelente acidez. Diría que de perfil golosón, pero en absoluto cansino. 13,5º. Este vino hizo bueno el dicho de “no hay buenos vinos: hay buenas botellas”.

Roblet-Monnot Taile Pieds, Volnay, 1999
Una de las mejores zonas de tintos de Borgoña. Una añada excelente. Entonces ¿por qué he de sufrir este vino? Capa jovencísima. Fruta muy madura. Es uno de esos vinos que ahora se llaman “modernos”. No lo encuentro nada elegante. Astringente. Plano y de estilo nada borgoñón. Menos mal que el siguiente vino nos consolaría ¡Mmmmmm!
Georges Mugneret Les Feusselottes, Chambolle-Musigny, 1999
Un vinazo. Nariz de compota de cerezas y violetas. Señorial. Mandarina. Especiado. Maravillosa armonía. En boca es elegantísimo. Buena estructura que aguantó muy bien el cochinillo al que acompañaba. Eterno. Clap, clap, clap. Volnay y Chambolle-Musigny pasan por ser probablemente las zonas que proprcionan los vinos más finos de toda Borgoña. En esta ocasión el Mugneret ganó de calle al Volnay.
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En la sobremesa llegaron los bises. El primero un vino cuando menos curioso. El segundo, otro auténtico vinazo.
Dard et Ribo, Crozes Hermitage, 1998
Un vino muy especial, absolutamente distinto a lo que estamos acostumbrados. No filtrado, lo que le hace aparecer con turbidez. Sin sulfuroso. En nariz destaca una fruta que no muestra ningún rastro de tipicidad varietal. Aromas de levaduras de cerveza. Carbónico presente en boca. No me convenció, pero probarlo fue toda una experiencia.
Roulot “Luchets”, Meurasult, 1996
Mis notas literales: “Navajas. Frutos secos tostados (pipas de girasol). Muy reducido inicialmente. Muy mineral. Luego, enorme. En boca fresco, profundo, con una aciudez excepcionalmente alta. La madera aún es perceptible, pero no molesta. Nada evolucionado para un 96. Creo que hubiera necesitado una hora de decantación. Hasta 2012″.
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Debían ser las 7 u 8 de la tarde cuando salimos de Mas Vilà. Salíamos felices. Habíamos descubierto un sitio que sabíamos que visitaríamos muchas veces más. Un restaurante imprescindible para todos los amantes de los vinos de Borgoña.
Datos del Restaurante:
Restaurante Villa Más
Passeig Sant Pol, 95
17220 Sant Feliu de Guíxols (Gerona)
España
Teléfono: +34 972 82 25 26
Fax: +34 972 82 25 626
web: N.D.
email: N.D.
Precio (sin bebida):




Desde luego fué una pena perderme ese encuentro, ya que al Villa Más a pesar de que acudo mucho menos de lo que desearía, por esa carta de vinos, especialmente por la pasión de Carles por la Borgoña y porque además se come realmente bien, en un entorno fantástico, y con un equipo de sala de gran nivel, hacen un conjunto extraordinario.
Y a disfrutar que son 4 días, con mucha suerte :))
Saludos.