Cru era, además del restaurante Veritas, el otro templo del vino que no podíamos dejar de visitar en nuestro paso por Nueva York.
De estilo algo más clásico que Veritas en su decoración, la cena resultó similar en calidad y precio. La lista de vinos fue igualmente impactante, por la cantidad (y los precios ¡glup!) de los vinos. Nos decantamos aquí por acompañar el entrante y plato principal de la comida con un mismo vino: el Damijan Ribolla Gialla, Collio, 1999.
Damijan Podversic elabora este vino en Friuli, muy cerca de la frontera italiana con Eslovenia. No es un vino más, sino un estilo de vino absolutamente personal y destinado a crear controversia. Damijan fermenta el mosto en contacto con los hollejos en tinas de madera y utilizando levaduras naturales. Anotemos en este punto que estamos hablando de un vino… blanco. El resultado es un vino concentrado, de profundo color ambarino, con rasgos claramente oxidativos y minerales en nariz. En boca es seco, de una estructura contundente. El final es largo, con notas caramelizadas. Intenso, personal y combativo. Podversic puede ubicarse junto a los Josko Gravner o Radikon como elaborador de vinos absolutamente diferentes, extremos y sin complejos. Tal es el perfil de este vino, que acompañó con igual soltura tanto el Tasting of Japanese Kanpachi, tartare and crudo with soy, micro celery and pickled cucumber (pescado en preparación japonesa, vaya) como el cerdo (Cuts of Porcelet Pic, chanterelles, poached golden raisins and a tomato and crips spring vegetable salad).
A los postres (El Macadamia nut cheesecake crumble, apricot lemon thyme jam, hazelnut chocolate praliné, smoked chocolate chip ice cream y un surtido de tres quesos donde destacaron el Stilton y un Époisse), les acompañó un J. J. Prum Wehlener Sonnehur Riesling Auslese 1997, pleno de hidrocarburos y notas florales, de color todavía muy joven y sencillamente delicioso en boca.
Otro templo para los amantes del vino. A precios “New York”, eso sí.
Foto: web del restaurante
















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La carta de vinos hay que estudiarla con antelación, en caso contrario una vez allí o bien cenas o bien estudias.
Se puede bajar una copia pdf.
Esto te permite hacer pesquisas con tiempo: en nuestro caso Château Simone ’96 y un Vosne villages ’02 de Mugneret-Gibourg, ambos execelentes, especialmente el blanco, muy en su punto.
Bien cocina, sala, servicio y puesta en escena.
Me alegro de que disfrutaras, Manuel.
Ese Mugneret estuvo también en el punto de mira, pero nos inclinamos por un vino inencontrable (que yo sepa) en España.
Un abrazo.