Manzanilla y Riesling para el Maridaje de IEC#9

por Sobre Vino el 11 abril 2008

Bonito tema el propuesto por Olaf para Iberoamérica en Cata #9. Como quiera que he podido disfrutar de algunos maridajes sencillos pero memorables durante las últimas semanas, he traído a esta edición de Iberoamérica en cata dos que además figuran entre mis armonías favoritas.

Manzanilla las cañas 8

La primera armonía que os propongo tiene como protagonistas a la Manzanilla Las Cañas (la saca de Octubre de 2007, correspondiente al número 8 de “La bota de…”) y a dos productos que ya son un auténtico tesoro por sí mismos: jamón ibérico y camarones. La manzanilla, de la Bodega Sánchez Ayala, es de color oro viejo, intensa en aromas de crianza biológica. Notas iniciales de desván cerrado y polvo van dejando paso a un clarísimo perfil olfativo salino, marino, con tonos atractivos de anacardos. En boca es punzante, con excelente acidez y deliciosos recuerdos de frutos secos salados. En el posgusto es larguísimo y deja un eco de almendras saladas y azúcar tostado. Un vino por sí mismo excelente, en mi opinión de un perfil algo menos fresco pero más profundo a estas alturas después de su embotellado que la entrega número 4 de la serie “La bota de…” (la saca de Enero de 2007 de esta Manzanilla Las Cañas). El perfil de esta manzanilla fue perfecto para acompañar unos camarones cocidos en su punto perfecto de sal. Vino y comida se funden en un estrecho abrazo que te traslada directamente al borde del mar. Para mí, la perfección. Con el jamón ibérico (maza), cortado a mano, la armonía es notable. Los rasgos salinos de la manzanilla y su buena acidez son compañeros excelentes, para mi gusto, del sabor y la textura de las lonchas de jamón. Tantas veces acompañado con vinos tintos, personalmente me decanto por los champagne, los cavas, los finos, algunas manzanillas (como esta) e incluso ciertos amontillados para hacerles perfecta compañía.

Camarones, por Aroma de Limon

En un perfil muy distinto, os lanzo una propuesta con un vino con azúcar residual (es decir, no completamente seco). El vino es una de esas joyitas que si localizáis no debéis dejar de probar: Schlossgut Diel Dorheimer Burgber Riesling Spätlese, Nahe, 1998. DielEs un vino blanco alemán de vendimia tardía (spätlese), de la región de Nahe, elaborado con la variedad riesling. De color amarillo intenso, la nariz es muy bonita, expresiva pero de una elegancia notable: hidrocarburos, flores amarillas y albaricoque. En boca resulta mineral y con un excelente equilibrio entre acidez y dulzor. Muy bonito. Con 8º de alcohol, beberlo es un placer, y comer con él doble placer. El maridaje con un foie micuit casero es excelente; encuentro que, para mi gusto, el dulzor moderado de este spätlese sintoniza mejor con el foie que en el caso de vinos más cargados de azúcar. Como las armonías no son una ciencia exacta, y en más de una ocasión me he llevado sorpresas importantes (para lo bueno y para lo menos bueno), decidimos también probar como acompañaba este vino a dos quesos que habíamos traído de Borgoña. Resultó que, contrariamente a mi idea inicial, el maridaje con un comté resultó bueno, en un juego de texturas y de complementariedad en los sabores muy sugerente. Por contra, el Tomme du Jura que también sacamos en aquella cena no se entendió con este vino. El claro perfil ahumado del Tomme resultaba en una combinación francamente poco afortunada.

Y es que, si somos pejigueros, el perfecto maridaje no es sólo cosa del tipo genérico de vino, sino de vinos concretos e incluso añadas escogidas a la medida. Y sólo con el vino y comida delante, en conversación entre ellos, soy capaz de decidir si el maridaje funcionó, si hubo armonía entre ellos.

Fotos: por Sobre Vino, excepto los camarones (por Aroma de Limón)