Cata de Chardonnay de Borgoña (y II)
Después de abordar los dos primeros blancos de Borgoña, de dejar de lado una botella de Moreau y de catar a ciegas un chardonnay mallorquín, nos adentramos en la parte más esperada de la cata.
Ballot-Millot Premier Cru “Charmes”, Meursault, 2005
La bodega de Ballot-Millot está situada en Meursault. Cuenta con unas 12 hectáreas de viña, de las que algo más de la mitad corresponden a chardonnay, dedicandose el resto a la uva tinta pinot noir. La producción es de 45.000 botellas anuales.En Mersault, cuenta con viñas en los tres premier cru del pueblo: Perrières, Genevrières y Charmes.
Este Charmes ha pasado 12 meses en barrica (25% nueva), después de fermentar en tinos de roble. Es de color dorado muy pálido. La nariz es muy particular: a los aromas lácteos y a la mantequilla que caracterizan tantas veces a los Mersault, se suman notas claras de pedernal y pólvora. Con más aireación aparecen también aromas de frutas blancas. LA boca presenta un punto picantito (pimienta blanca), es de carácter ahumado, con buen cuerpo. Final largo, de nuevo con ese recuerdo de pimienta blanca. Buen vino, todavía excesivamente joven. 13,5º. Precio: 70 euros.
Jean Chartron Premier Cru “Clos de la Pucelle”, Puligny-Montrachet, 2000
Este es un premier cru del mismo productor que ya catamos en la primera tanda de vinos. El Clos de la Pucelle es un Monopole de Jean Chartron, lo que significa que la totalidad de esta parcela cerrada es de su propiedad.
Nos encontramos ante un vino de color oro viejo, brillante. La nariz es sencillamente maravillosa, apreciandose en ella la mayor evolución lógica por la edad del vino: kumquat, cítricos, canela, confitura de naranja amarga y orujo de hierbas diluido (no por la sensación alcoholica, sino por el aroma de las hierbas maceradas en destilado). En boca, sin embargo, resulta algo deslavazado, con recuerdos de jengibre. Final agradable, pero no excesivamente persisitente. 13,5º. Cuesta 60 euros. Lástima que la boca no se corresponda con su fantástica nariz.
Leroy Premier Cru “Les Chenevottes”, Chassagne-Montrachet, 1989
Uno de los grandes productores de Borgoña. Biodinámicos estrictos, capaces de despertar pasiones y también con grandes detractores. Se dice que cuentan, probablemente, con el mayor inmovilizado de botellas antiguas de toda la Borgoña, que van sacando progresivamente al mercado. De manera que no es extraño que nuestra botella de 1990 estuviese impecablemente etiquetada. Al frente de la bodega se encuentra Marcelle “Lalou” Bize-Leroy, que además es propietaria ni más ni menos que del 25% de Domaine de la Romanée-Conti.
Del vino, la bodega no aporta ningún dato. “Lo que tenemos que decir está dentro de la botella”, parecen limitarse a decir. Se aprecia a la vista la lógica evolución para un blanco de casi veinte años. El color es un bonito oro viejo con destellos ambarinos. El aroma es de inabarcable comlejidad y muy intenso: turba, lácteos (queso de leche cruda), piel de naranja confitada, frutas acompotadas, higos secos, pasas y soja. La boca es plena, de textura untuosa, con recuerdos de bueno vino oloroso y salitre. El final es larguísimo, con recuerdo de arrope de pedro ximénez. Lo encuentro glorioso. PAra tomar maridado consigo mismo. 13º. El precio tan inalcanzable como, probablemente, justificado: por encima de los 220 euros.
Jadot, Montrachet, 2001
La Maison Jadot controla la friolera de 140 hectáreas en Borgoña, y cuenta con una gama de 120 vinos diferentes. Sólo uno de esos vinos y una mínima parte de la superficie controlada pertenecen a Montrachet. Montrachet es EL Grand Cru cuando hablamos de vinos blancos. Las 8 hectáreas de viña están repartidas entre 33 productores, siendo Romanée-Conti (0,67 hectáreas) el más famoso de ellos. Todos los Montrachet son costosísimos, y en el caso de la Romanée-Conti estaríamos hablando de precios cercanos a los 2.000 euros. Sic.
Color oro profundo, muy brillante. Mineral, mineral y mineral en nariz. Perfil aromático perfectamente delineado y que casi parece esculpido con cincel. Elegantísimo. Melisa, miel, membrillo y una sucesión preciosa de sensaciones, todas ellas muy bien fusionadas y dificiles de describir. En boca la entrada es sedosa. La acidez, excelsa. La trama de sabores vuelve a ser inescrutable por lo equilibrada y compleja, con equilibrio entre percepciones frutales y florales (blancas y amarillas). Y esa mineralidad. Final muy muy largo. Uno de los vinos más mágicos que he podido probar. 13,5º. El precio de esos inalcanzables: 350 euros. Menos mal que en estas catas conjuntas con un poco de esfuerzo se puede acceder a estas maravillas.
__________________________
Un auténtico lujo de cata, con la impecable organización de LuisMi. Una fantástica ocasión para repasar la expresión de la chardonnay en toda su pureza y gloria. Me quedan en la mente (y casi parecería que en la boca y el olfato), los recuerdos de dos vinos estelares: ese Leroy de 1989 y muy especialmente el primer Montrachet que he podido probar. El nivel en el resto, muy interesante. Si tengo que destacar algún vino, me han gustado especialmente el Puligny-Montrachet de Chartron, la nariz de su “Clos de la Pucelle” y el Premier Cru Charmes de Ballot-Millot.
Pero aquí no acaba todo. Poco antes de empezar esta cata había recibido una llamada invitandome a otra que tendría lugar al día siguiente, también para catar vinos blancos de Borgoña, guiados por su importador en España: Joan Valencia de Cuvée 3000.
Pero esto ya será motivo de otro post.




Lo único que se puede comentar es vaya envidia, a mi los vinos blancos me vuelven loco y mi experiencia con los Borgoña es dentro de los que he probado mágica, tu crees que algún dia podremos tutearles en cuanto a los vinos blancos?
Saludos