Tinto, Blanco, Rosado, …
Aprovechamos el pasado fin de semana para acercarnos al Museo Guggenheim de Bilbao. Además de disfrutar de una extraordinaria instalación de Matthew Ritchie y de la temporal “Cosas del Surrealismo“, comimos como en otras ocasiones en el restaurante del museo (en el denominado “bistró”, que cuenta con un menú más que decente a precio razonable, no en el restaurante a la carta).
Me llamó la atención la diferencia en el tipo de vino elegido entre las mesas servidas a las 13:00 (cuando nos sentamos nostros, niños mandan…), y las servidas a las 14:30 (cuando nosotros ya nos íbamos). A las 13:00, 10 mesas sobre 10 comiendo con vino (de las visibles desde nuestra posición). ¿Los vinos elegidos? Blanco en 5 mesas, rosado en 4 mesas y tinto en 1 sola mesa. A las 14:30 el panorama es distinto, y la vista sólo alcanza a ver botellas de vino tinto en las mesas.
El menú es el mismo. ¿Qué cambia? Sólo alcanzo a ver como diferencia la nacionalidad. Más gente foránea a las 13:00, más gente local a las 14:30.
Como decían en aquella memorable escena de Pulp Fiction: “pequeñas diferencias”.
Por cierto, por si alguien creyera que los tintocentristas locales fuimos nosotros… nuestro Artazuri rosado 2007: sencillamente delicioso.
Restaurante Vila Mas
Esta es la comida que compartimos unos cuantos enochalados (entre ellos Víctor, Calamar, Fede Vidal o Manuel Aguinaga, por mencionar sólo algunos) y que puso fin a nuestro reciente viaje por Borgoña. El lugar: el restaurante Villa Mas, en Sant Feliú de Guixols. Ofició como maestro de ceremonias: Carlos Horta, dueño del restaurante, cocinero y enamorado de Borgoña. Seleccionó los vinos: alguien por aquel lado de la mesa. El resultado: una maravillosa sesión de disfrute equilibrado entre delicias en el plato y joyas en la copa.

No había estado antes en el restaurante Vilà Mas, pero lo tengo ya presente como un auténtico templo del vino, con una selección de vinos, principalmente de Borgoña, a precios que me gustaría ver en otros locales, y donde además se come de maravilla. De obligada peregrinación.
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El Vino: Hubert Chavy “Les Casse Têtes”, Meursault, 2005 (Magnum)
No recuerdo haber probado antes ningún vino de Hubert Chavy. Se trata de un vino de 13º, de color dorado. Nariz sobre los cítricos, rastros de sulfuroso (que aparecen en forma de notas de sésamo) y barrica todavía algo marcada. Un puntito mineral. Es un vino fresco, graso, con madera presente sin llegar a molestar. Notas lácteas. Se le ve muy muy joven, desde luego. Es un placer poder disfrutar los vinos en formato magnum y estas reuniones gastronómicas de más de una decena de personas se prestan especialmente bien al formato, aunque en este caso el tamaño doble no hiciera probablemente más que acentuar la juventud de este 2005. Acompañó el vino con bastante desenvoltura tanto al pulpo con espuma de patata (un plato que empieza a verse en demasiados sitios, pero que aquí estuvo bien resuelto), y especialmente a la galera sobre sopa de pescado.
El plato: Pulpo sobre espuma de patata / Galera en sopa de pescado

Especialmente delicada la carne de la galera.
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El Vino: Ramonet “Les Ruchottes”, Chassagne-Montrachet, 2004

Este vino, con sus 13,5º, se presentó inicialmente con reducción. Con aireación, pasa a ser un vino puro en nariz, con un puntito mineral. Cambiante: notas florales por momentos, luego piel de mandarina, algún leve cítrico, … En boca se presenta cargado de barrica en estos momentos: mantequillas, lácteos. Bastante voluptuoso. Otro vino que se mostró claramente joven. Para mi gusto, encajó bien con la interpretación de Carlos Horta de las fabes con almejas.
El plato: Fabes con almejas

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Perdí a partir de este momento el seguimiento de la sincronía entre platos y vinos. Sí recuerdo los platos, de los que muestro fotos a continuación, y tengo notas de los vinos. Pero recordar qué plato tomamos exactamente con qué vino me resulta imposible. Debíamos estar pasandolo bien…

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Bonneau du Martray, Corton-Charlemagne, 1996
Una primera botella de este vino se mostró completamente inexpresiva. Ni punto de comparación con la botella de la mesa de al lado ¿un leve corcho? Una segunda botella que sustituyó a la primera ya fue otra cosa, aunque sin llegar al esplendor de los aromas que emanaban de las copas de nuestros vecinos. El color es un dorado no muy profundo, no demasiado evolucionado. Aroma bastante intenso, de orejones y frutos secos. Muy elegante. En boca es casi untuoso. Notas de flores, minerales y excelente acidez. Diría que de perfil golosón, pero en absoluto cansino. 13,5º. Este vino hizo bueno el dicho de “no hay buenos vinos: hay buenas botellas”.

Roblet-Monnot Taile Pieds, Volnay, 1999
Una de las mejores zonas de tintos de Borgoña. Una añada excelente. Entonces ¿por qué he de sufrir este vino? Capa jovencísima. Fruta muy madura. Es uno de esos vinos que ahora se llaman “modernos”. No lo encuentro nada elegante. Astringente. Plano y de estilo nada borgoñón. Menos mal que el siguiente vino nos consolaría ¡Mmmmmm!
Georges Mugneret Les Feusselottes, Chambolle-Musigny, 1999
Un vinazo. Nariz de compota de cerezas y violetas. Señorial. Mandarina. Especiado. Maravillosa armonía. En boca es elegantísimo. Buena estructura que aguantó muy bien el cochinillo al que acompañaba. Eterno. Clap, clap, clap. Volnay y Chambolle-Musigny pasan por ser probablemente las zonas que proprcionan los vinos más finos de toda Borgoña. En esta ocasión el Mugneret ganó de calle al Volnay.
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En la sobremesa llegaron los bises. El primero un vino cuando menos curioso. El segundo, otro auténtico vinazo.
Dard et Ribo, Crozes Hermitage, 1998
Un vino muy especial, absolutamente distinto a lo que estamos acostumbrados. No filtrado, lo que le hace aparecer con turbidez. Sin sulfuroso. En nariz destaca una fruta que no muestra ningún rastro de tipicidad varietal. Aromas de levaduras de cerveza. Carbónico presente en boca. No me convenció, pero probarlo fue toda una experiencia.
Roulot “Luchets”, Meurasult, 1996
Mis notas literales: “Navajas. Frutos secos tostados (pipas de girasol). Muy reducido inicialmente. Muy mineral. Luego, enorme. En boca fresco, profundo, con una aciudez excepcionalmente alta. La madera aún es perceptible, pero no molesta. Nada evolucionado para un 96. Creo que hubiera necesitado una hora de decantación. Hasta 2012″.
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Debían ser las 7 u 8 de la tarde cuando salimos de Mas Vilà. Salíamos felices. Habíamos descubierto un sitio que sabíamos que visitaríamos muchas veces más. Un restaurante imprescindible para todos los amantes de los vinos de Borgoña.
Manzanilla y Riesling para el Maridaje de IEC#9
Bonito tema el propuesto por Olaf para Iberoamérica en Cata #9. Como quiera que he podido disfrutar de algunos maridajes sencillos pero memorables durante las últimas semanas, he traído a esta edición de Iberoamérica en cata dos que además figuran entre mis armonías favoritas.

La primera armonía que os propongo tiene como protagonistas a la Manzanilla Las Cañas (la saca de Octubre de 2007, correspondiente al número 8 de “La bota de…”) y a dos productos que ya son un auténtico tesoro por sí mismos: jamón ibérico y camarones. La manzanilla, de la Bodega Sánchez Ayala, es de color oro viejo, intensa en aromas de crianza biológica. Notas iniciales de desván cerrado y polvo van dejando paso a un clarísimo perfil olfativo salino, marino, con tonos atractivos de anacardos. En boca es punzante, con excelente acidez y deliciosos recuerdos de frutos secos salados. En el posgusto es larguísimo y deja un eco de almendras saladas y azúcar tostado. Un vino por sí mismo excelente, en mi opinión de un perfil algo menos fresco pero más profundo a estas alturas después de su embotellado que la entrega número 4 de la serie “La bota de…” (la saca de Enero de 2007 de esta Manzanilla Las Cañas). El perfil de esta manzanilla fue perfecto para acompañar unos camarones cocidos en su punto perfecto de sal. Vino y comida se funden en un estrecho abrazo que te traslada directamente al borde del mar. Para mí, la perfección. Con el jamón ibérico (maza), cortado a mano, la armonía es notable. Los rasgos salinos de la manzanilla y su buena acidez son compañeros excelentes, para mi gusto, del sabor y la textura de las lonchas de jamón. Tantas veces acompañado con vinos tintos, personalmente me decanto por los champagne, los cavas, los finos, algunas manzanillas (como esta) e incluso ciertos amontillados para hacerles perfecta compañía.

En un perfil muy distinto, os lanzo una propuesta con un vino con azúcar residual (es decir, no completamente seco). El vino es una de esas joyitas que si localizáis no debéis dejar de probar: Schlossgut Diel Dorheimer Burgber Riesling Spätlese, Nahe, 1998.
Es un vino blanco alemán de vendimia tardía (spätlese), de la región de Nahe, elaborado con la variedad riesling. De color amarillo intenso, la nariz es muy bonita, expresiva pero de una elegancia notable: hidrocarburos, flores amarillas y albaricoque. En boca resulta mineral y con un excelente equilibrio entre acidez y dulzor. Muy bonito. Con 8º de alcohol, beberlo es un placer, y comer con él doble placer. El maridaje con un foie micuit casero es excelente; encuentro que, para mi gusto, el dulzor moderado de este spätlese sintoniza mejor con el foie que en el caso de vinos más cargados de azúcar. Como las armonías no son una ciencia exacta, y en más de una ocasión me he llevado sorpresas importantes (para lo bueno y para lo menos bueno), decidimos también probar como acompañaba este vino a dos quesos que habíamos traído de Borgoña. Resultó que, contrariamente a mi idea inicial, el maridaje con un comté resultó bueno, en un juego de texturas y de complementariedad en los sabores muy sugerente. Por contra, el Tomme du Jura que también sacamos en aquella cena no se entendió con este vino. El claro perfil ahumado del Tomme resultaba en una combinación francamente poco afortunada.
Y es que, si somos pejigueros, el perfecto maridaje no es sólo cosa del tipo genérico de vino, sino de vinos concretos e incluso añadas escogidas a la medida. Y sólo con el vino y comida delante, en conversación entre ellos, soy capaz de decidir si el maridaje funcionó, si hubo armonía entre ellos.
Fotos: por Sobre Vino, excepto los camarones (por Aroma de Limón)
Certamen de Escritores Enológicos Noveles
Ya lo ha anunciado Carlos en su bitácora, pero lo reproduzco aquí por si algún lector de este blog estuviese interesado en participar. ElCataVinos organiza un Certamen de Escritores Enológicos Noveles. En el certamen podrá participar cualquier persona mayor de edad, con un tema libre, de opinión o de actualidad, donde el protagonista sea el vino y su entorno. La fecha límite para la inscripción es el 1 de junio de 2008.
Podéis consultar las bases completas aquí.
Domaine Piron (Villié-Morgon, Beaujolais)

“Es un vino muy especial. No gusta a todo el mundo”. Así me hablaron por primera vez del Chénas Quartz del Domaine Piron en la región de Beaujolais. Lo cierto es que el Chénas Quartz de 2004 es un vino que me encanta, de un excelente perfil mineral, y que hasta la fecha he tenido la ocasión de probar en tres ocasiones.
La Bodega
De manera que aprovechando el reciente viaje a Borgoña, nos acercamos a conocer la región, la bodega y algunos de sus vinos. La relación de esta bodega familiar con el vino se puede trazar en Villié-Morgon hasta 1590. Domaines Piron produce unas 300.000 botellas anuales a partir de sus 60 hectáreas de viña de las denominaciones Beaujolais, Beaujolais-Villages, Morgon, Brouilly, Régnié, Moulin-à-Vent y Chénas. Un tercio de la producción de la bodega se dedica a la exportación, destacando como consumidores Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón e India.

Los vinos de Piron se benefician del suelo granítico excepcional del Beaujolais y de un proceso de elaboración, por lo que he podido comprobar catándolos, respetuoso y juicioso.

Los Vinos

Aprovechando la visita, Dominique Piron nos preparó un breve recorrido por algunos de los vinos de la bodega. Tiempo tendremos de probar el resto, ya que nos trajimos de vuelta la gama completa de la bodega para degustarla en la tranquilidad del hogar.
Domaine Piron, Moulin-à-Vent, 2006
Proveniente de un suelo de granito rosa, ácido, parecido al de Brouilly, en el que las sales minerales aportan al parecer su originalidad. Pura fruta roja en nariz. En boca resulta algo astringente, con marcados taninos frutales y destacada mineralidad. A valorar más adelante.
Domaine Piron Côte du Py, Morgon, 2006
Proveniente de viñedos plantados sobre suelos graníticos con vetas de hierro, este es un vino de capa media a media alta. En nariz es especiado, con notas terrosas y una fruta poco marcada. Es en boca donde aparece una fruta fresca y un lado vegetal (ojo, no verde) interesante. Buenísimo.
Domaine Piron Quartz, Chénas, 2005
Si el Quartz 2004 es un vino más severo, de una austeridad espartana, en esta añada 2005 se encuentra más accesible en nariz, aunque aún por desarrollar. En boca es muy mineral (pura roca), bien estructurado, con algo más de fruta que la añada anterior. Excelente y más amable que en la cosecha anterior.
Domaine Piron, Crémant de Bourgogne, 2005
Un espumoso elaborado exclusivamente con chardonnay, que indica 12,5º de alcohol. Fecha de degüelle: octubre 2007. De color amarillo pálido, con tonos verdosos. Perfil fundamentalmente frutal, nada marcado por aromas fermentativos. Bella acidez. Muy fresco y seco. Recuerdos de manzana verde. Sencillo y refrescante.
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En los próximos días procuraré ir colgando las notas de cata de los vinos de Domaine Piron que he probado una vez de vuelta en casa. Os anuncio además que, como si me hubieran seguido los pasos en mi periplo francés, Coalla Gourmet ha comenzado a traer a España los vinos de Dominique Piron. Bienvenidos sean estos vinos a nuestro país.








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